Hoy menú: residuos nucleares
En las últimas semanas se está hablando y escribiendo mucho de los residuos radiactivos procedentes de las centrales nucleares y su almacenamiento. Los párrafos que siguen resumen la información recopilada por un profano en la materia, que le han permitido formarse una opinión a este respecto.
La radiactividad es un fenómeno físico natural que consiste en la explosión del núcleo de un átomo que libera una enorme cantidad de energía que se expande -a veces a la velocidad de la luz- en forma de radiación. Ésta puede ser electromagnética (rayos alfa, beta y gamma) o corpuscular (electrones, positrones, neutrones…). Los núcleos de los elementos radiactivos terminan transformándose en núcleos de otros elementos (el más famoso, uranio, terminará estabilizándose al transformarse en plomo…). Se llama periodo de semidesintegración, semiperiodo o semivida al tiempo que transcurre hasta que la cantidad de radiactividad de un elemento radiactivo se reduce a la mitad de la cantidad inicial. Por ejemplo, si el uranio 238 tiene una semivida de 4.510 millones de años, quiere decir que al cabo de ese tiempo se habrá desintegrado la mitad de los núcleos de una cantidad determinada. Sería necesario otro periodo igual para que se desintegrase la mitad de la mitad restante, y así sucesivamente. De esa manera, prácticamente nunca dejará el uranio de ser radiactivo, pues siempre habrá la mitad de la mitad de alguna cantidad por desintegrarse.
En el planeta Tierra existe en el ambiente una radiactividad natural de diversa procedencia e intensidad. Aunque las mayores fuentes de radiactividad son artificiales (pruebas de bombas nucleares, centrales nucleares y pruebas médicas), a continuación se transcriben algunos datos de la radiactividad natural en España (según el Consejo de Seguridad Nuclear):
1: RAYOS CÓSMICOS, radiación que llega del espacio;
2. RADÓN, procedente del uranio que se encuentra naturalmente en la tierra;
3.RAYOS GAMMA, que es emitida por la tierra y los edificios, ya que están construidos con materiales procedentes de la tierra. Además, alrededor de 30.000 átomos emisores de rayos alfa y beta se desintegran cada hora en los pulmones, procedentes del aire que se respira;
4. ALIMENTOS Y BEBIDAS, siendo el potasio 40, procedente de los alimentos, y los mariscos, la fuente principal de radiación interna;
5. LLUVIA RADIACTIVA. Es una radiactividad artificial liberada en la atmósfera principalmente por pruebas nucleares, que se deposita lentamente sobre la tierra.
La dosis media anual que recibe una persona en España es de unos 0,22 rem (véase más adelante), pudiendo llegar, en algunas zonas de la península como Galicia y algunas zonas del Mediterráneo hasta los 4,15 rem. Se sabe que esta radiactividad natural no es nociva para el organismo humano, al menos no más allá de la responsabilidad que se le atribuya sobre las probabilidades de sufrir algún tipo de enfermedad a lo largo de la vida. Pero si estas u otras radiaciones, en cantidad suficiente, alcanzan un cuerpo vivo, pueden causar daños que van desde una pequeña lesión hasta el cáncer y la muerte.
El riesgo para el ser humano que se expone a radiación se mide en unidades “rem” (acrónimo de roentgen equivalent men), definidas por la cantidad de radiación absorbida y el tipo de radiación: 1 rem es el resultado de la absorción de dos mil millones de rayos gamma (los peores y más penetrantes de todas las radiaciones) por centímetro cuadrado de superficie del cuerpo. A este respecto, se calcula que la dosis necesaria para producir con seguridad un cáncer es de 2.500 rem, pero una dosis pequeña aumenta el riesgo a padecer cáncer (el riesgo de cualquier persona de padecer un cáncer durante toda su vida es del 20 % y el incremento de ese riesgo después de una dosis de 100 rem es del 4 %). Hasta 100 rem no ocurre nada apreciable, aunque, a la larga, pueden aumentar el riesgo de aparición de cáncer. Hasta 200 rem producen síntomas de “enfermedad radiactiva” o “radiotoxemia”, en general reversibles. Por encima de 200 rem, las radiaciones causan grandes daños que pueden llegar a la muerte.
Las centrales nucleares, como todo el mundo sabe, utilizan elementos radiactivos para calentar agua que, transformada en vapor, incide a presión sobre una turbina que, al girar, genera energía eléctrica (miren por dónde, las centrales nucleares son centrales de vapor…). Los combustibles utilizados son uranio-235 y plutonio-239 (que también es un residuo que se puede utilizar para fabricar bombas nucleares). Ambos se obtienen “enriqueciendo” el uranio-238, que es el 99,3 % del uranio natural.
Las centrales nucleares son un hecho y no se puede volver atrás como si nunca hubieran existido. El funcionamiento de los reactores nucleares genera residuos radiactivos, algunos de los cuales, como el plutonio-239 tiene una semivida de 24.000 años, lo que quiere decir que al cabo de ese tiempo todavía le quedará la mitad de la radiactividad que tiene hoy. Otro residuo es el estroncio-90, más peligroso que el plutonio, con una semivida más corta y, por consiguiente, mucho más radiactivo (unas mil veces más que el uranio). Dado que los residuos existen, aunque no se hicieran más centrales nucleares, puede que sea mejor almacenarlos en un sitio que reúna las máximas garantías de seguridad, que dejarlos más o menos sueltos por ahí, alrededor de las mismas centrales, como ahora.
Los estudios que han llevado a las autoridades a proponer los almacenes que se están utilizando, garantizan un grado de seguridad tal que se calcula que, al cabo de 300 años, las probabilidades de que se produzca un cataclismo que haga que escape del almacén la totalidad de los residuos almacenados, es del 1 %. Incluso, calculan, sería aceptable una probabilidad del 100 % que en esos 300 años se escapase del almacén un 1 % de los residuos o el 10 % de que se escapase el 10 %. En cualquiera de los casos, la radiactividad que llegaría al ambiente y a los acuíferos no incrementaría significativamente la natural del lugar. No es lógico esperar una seguridad del 100 % porque el coste de la misma sería infinito, y nadie, nunca, estará en condiciones de gastar una cantidad infinita de recursos… entre otras cosas porque los mismos recursos no son infinitos.
El que esto escribe ya tiene una opinión respecto del almacén… ¿y ustedes…?
Todos los datos científicos que se han expuesto proceden de fuentes debidamente acreditadas, no han sido inventados ni manipulados y pueden ser comprobados y ampliados por el lector accediendo a la información pública de la Junta de Energía Nuclear de España, los libros de texto de la enseñanza secundaria y del bachillerato de ciencias (deberían serlo también del de letras y otros) y del libro de Richard A. Muller titulado “Física para futuros presidentes” (Ed. Antoni Bosh. Barcelona, 2009).
Fuente: Orlando Mora Novaro


